—¿Sabes que ese libro lo presenté yo? —me dijo, mientras mis ojos se perdían leyendo la dedicatoria de sus primeras páginas—. Además, escribí una reseña para una revista del Ayuntamiento de Petrer... todo un honor.
«Espectros, Demonios y otros Hechos Paranormales con los que no dormir» reposaba, entonces, entre mis manos, mientras Verónica me hablaba de su autora, Marian Romero, y de todas las aventuras que habían compartido. Resulta que se conocieron tiempo atrás y que, desde entonces, su amistad se ha tejido entre misterios y experiencias que parecían sacadas de las propias páginas del libro. En su mirada percibí la nostalgia de quien desea revivir aquellos buenos tiempos que ahora se sienten lejanos.
—He sido invitada a presentar sus otros dos títulos, y no te imaginas cuánto me hubiese gustado compartir con ella ese momento —susurró, antes de que la emoción le impidiera continuar.
Yo tampoco podía seguir escuchando sin sentir un cosquilleo de curiosidad: me moría de ganas de adentrarme en aquellas historias, de descubrir qué secretos dormían entre las páginas que tenía frente a mí. Y, efectivamente, tan solo me hicieron falta un par de noches para devorar con avidez la ópera prima de la eldense Marian Romero, lo suficiente como para sumergirme en un universo sobrenatural, genuino y espeluznante.
Publicado por primera vez en 2023, «Espectros, Demonios y otros Hechos Paranormales con los que no dormir» reúne 75 relatos cortos —yo pensaba que eran menos—, todos ellos inspirados en hechos reales. Están escritos con la intención de conectar de inmediato con el lector, evocando aquellas noches en las que un amigo, un padre o un abuelo te contaban esa historia de misterio que te dejaba en vela durante un par de días. Así, cada relato funciona como una pequeña cápsula de terror cotidiano, con escenarios que se sienten cercanos y, quizá por eso mismo, tan inquietantes. Romero consigue que lo extraño parezca posible, y lo posible, peligrosamente real.
Cada historia abre una puerta distinta hacia espacios desconocidos: condenas egipcias, fantasmas anclados en el presente, sombras acechantes, objetos malditos, voces del pasado y presencias que cruzan el umbral entre vivos y muertos para reclamar lo que les pertenece. ¡Incluso las hay basadas en crímenes reales! Lo más fascinante es que ninguna de ellas necesita una gran extensión para provocar esos escalofríos repentinos, de los que te obligan a encender la luz antes de dormir.
La escritura de Marian es directa; no necesita grandes adornos para llegar al núcleo de cada historia ni para que la escena cobre vida en la mente del lector. Sus descripciones, breves pero intensas, despiertan imágenes que parecen vividas con anterioridad, capaces de transportarte a ese lugar exacto… o al tuyo propio, cuando alguien te contó aquella historia que aún te eriza la piel. La oralidad y la cercanía están muy presentes en su narrativa: se siente como si la autora te relatara cada suceso junto al fuego, bajando la voz justo antes del clímax.
En conjunto, este libro no es solo una antología de terror: es una invitación a despertar los viejos miedos que duermen en lo invisible. Un recordatorio de que las historias, cuando están bien contadas, pueden seguir habitándonos mucho después de cerrar el libro.

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