Definitivamente, la biblioteca de Verónica Cano es tan exquisita como inquietante. Ella misma reconoce que muchos de sus volúmenes proceden de rastros, contenedores o donaciones, lo que convierte su colección en un caleidoscopio de temas y épocas: autores locales de Elche, grandes clásicos españoles, novela negra nórdica, conspiraciones, guías de viajes, el terror de Stephen King e, incluso, manuales supuestamente educativos destinados a las mujeres de antaño, hoy más espeluznantes que instructivos.
Mientras recorría sus estanterías, me topé con La Cuna de Judas, de la autora ilicitana Cristina P. Benito. Ya conocía su obra juvenil El Tesoro de la Isla de Benidorm, así que el título de este nuevo libro me sorprendió de inmediato. La Cuna de Judas: un instrumento de tortura con el que la Santa Inquisición arrancaba confesiones imposibles, una pirámide puntiaguda destinada a infligir dolor en las zonas más íntimas del cuerpo. No pude evitar estremecerme y, al mismo tiempo, sentirme atraída por aquel hallazgo.
Cano, siempre perspicaz, notó mi reacción al instante:
Mientras recorría sus estanterías, me topé con La Cuna de Judas, de la autora ilicitana Cristina P. Benito. Ya conocía su obra juvenil El Tesoro de la Isla de Benidorm, así que el título de este nuevo libro me sorprendió de inmediato. La Cuna de Judas: un instrumento de tortura con el que la Santa Inquisición arrancaba confesiones imposibles, una pirámide puntiaguda destinada a infligir dolor en las zonas más íntimas del cuerpo. No pude evitar estremecerme y, al mismo tiempo, sentirme atraída por aquel hallazgo.
Cano, siempre perspicaz, notó mi reacción al instante:
—Tómalo y léelo hoy mismo, antes de Elche: Misterio, Leyenda y Tradición. Debes hacerlo así —me dijo, con una mirada que más parecía un reto que una sugerencia.
Y, por supuesto, le hice caso. Con cierta aprensión, abrí sus páginas, consciente de que no me enfrentaba a una lectura ligera. Sin embargo, desde la primera línea, Benito me transportó al Elche del siglo XVII, a sus edificios más emblemáticos, a un tiempo en que la Santa Inquisición dictaba el destino de quienes eran señalados como herejes o brujas. La historia de Ana García, denunciada y encarcelada por supuesta brujería, se desplegaba con una intensidad que obligaba a mirar de frente la injusticia, el miedo y la brutalidad de aquella época.
Lo que más me sorprendió fue cómo Benito combina la precisión histórica con la narrativa emotiva. Los detalles, los personajes, sus emociones y la epidemia de peste que azotó la región no son simples decorados: son también protagonistas, y moldean el destino de Ana. Pero, por encima de todo, lo que permanece en la memoria del lector es su humanidad: sus miedos, sus recuerdos, su resistencia frente a un sistema que solo entiende de tortura para obligarla a doblegarse.
La novela no rehuye la crudeza. Las escenas de interrogatorio y tortura son un recordatorio de hasta dónde puede llegar la mano del poder cuando se disfraza de justicia divina. Sin embargo, Benito también muestra la resiliencia, la capacidad de resistencia y la búsqueda de identidad de su protagonista, hilando un relato que mezcla historia, ficción y emoción con un equilibrio notable.
Al terminar, sentí una mezcla de fascinación y desasosiego (porque llegaba a su fin). La Cuna de Judas es una novela que sabe ajustarse, capaz de mantener un ritmo ágil, con un lenguaje limpio, lo que la hace recomendable para un público juvenil-adulto. Es, además, un encuentro con la historia más oscura, pero también con la fuerza del espíritu humano, usando una ambientación realista, potentes contrastes y espacios para la reflexión.
Y fue entonces cuando reparé en la dedicatoria, justo al principio: Cristina P. Benito le dedica su novela a Verónica Cano y a Santi García (un amigo del que Cano habla con mucho cariño). Ese pequeño gesto, tan cercano y personal, cerró el círculo de mi lectura: me sentí invitada a ser testigo de esa historia, a compartir el miedo, la resistencia y la fuerza de Ana, y de los valientes que rescataron sus vivencias previamente. La Cuna de Judas no es solo un viaje al pasado, sino un recordatorio de que la memoria, la valentía y la literatura pueden sobrevivir a cualquier sombra.
Y ahora es cuando debo centrarme en Elche: Misterio, Leyenda y Tradición... supuestamente.

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