Reseña «La Llamada del Tiempo»

Cuando Verónica me recomienda una lectura, siempre empieza con la misma frase: «¡No te vas a creer lo que tengo para ti!». Y, efectivamente, nunca termino de creerme del todo las cosas que me tiene reservadas. Parece que las selecciona a conciencia, tomando mis gustos como referencia, sabiendo con absoluta certeza qué me apetece desentrañar en cada momento de mi vida. A veces me pregunto cómo puede conocerme tan bien, cómo es posible una conexión tan estrecha cuando apenas hemos hablado de nuestras vidas. Hay algo casi mágico en esa intuición suya, como si leyera entre líneas no solo los libros, sino también a las personas. Como si supiera cuándo necesito refugio y cuándo, en cambio, busco preguntas que me incomoden. Cada recomendación llega como una respuesta silenciosa a algo que no siempre sé nombrar, pero que estaba esperando. 

Es entonces cuando entiendo que no se trata solo de lecturas compartidas, sino de una forma delicada de acompañar, de tender un hilo invisible entre historias ajenas y emociones propias.

—Hace un par de semanas me dejé arrastrar por la prosa de Elena Picó —me dijo—. Es trabajadora social, como como yo. Y además es muy alta… aunque, para ser más alta que yo, tampoco hay que esforzarse demasiado.

Soltó una risa tímida antes de continuar, como si compartiera un secreto. Me contó que había conocido a la autora gracias a Ana Esmeralda —me había hablado de ella antes— y que, casi sin darse cuenta, habían acabado subidas a un escenario, hablando de sus novelas. Entre ellas, «La Llamada del Tiempo» 

Mientras la escuchaba, comprendí que no me estaba recomendando solo una lectura, sino todo lo que había detrás de ella: los encuentros, las complicidades y esa forma tan suya de vivir los libros como algo que se comparte y se celebra. Yo la escuchaba con atención, dejándome llevar por la cadencia de su voz, por la naturalidad con la que mezclaba datos, recuerdos y afecto. Mientras hablaba, sus manos acompañaban cada frase, como si reviviera aquel momento sobre el escenario, la emoción compartida, la certeza de estar hablando de algo que le importaba de verdad. No me hablaba solo de un libro ni de una autora, sino de un encuentro, de una experiencia que había dejado huella. 

Y supe, incluso antes de tenerla entre las manos, que «La Llamada del Tiempo» no había llegado a mí por casualidad. Desde las primeras páginas, esta vez, electrónicas, Elena Picó invita a detenerse, a escuchar el ritmo pausado de una historia que se construye más desde lo que se siente que desde lo que se explica. Hay en su prosa una sensibilidad serena, casi cuidadosa, que envuelve al lector y lo conduce por un territorio donde la memoria, las ausencias y las preguntas no resueltas ocupan un lugar central. 

La autora construye una mirada profundamente humana sobre la posibilidad de los viajes en el tiempo y sobre cuánto estaríamos dispuestos a arriesgar para corregir los errores del pasado. Tal vez su experiencia como trabajadora social se filtra entre líneas, y se hace evidente en la forma en que observa a sus personajes: con respeto, con sensibilidad y sin rastro de juicio. Todos ellos cargan con un pasado que exige ser afrontado, y es en ese diálogo persistente con el tiempo donde la novela encuentra su mayor fortaleza.

Elena no utiliza el viaje en el tiempo como un mero recurso fantástico, sino como una herramienta narrativa al servicio de las emociones tomando como base una historia real, de esas que sucedieron de verdad y que marcaron el devenir del futuro. El tiempo, en su novela, no es una línea recta que se recorre con facilidad, sino un espacio frágil, lleno de consecuencias, donde cada intento de reparación implica una renuncia. Así, la historia plantea una pregunta incómoda y universal: si pudiéramos volver atrás, ¿sabríamos realmente qué cambiar?

La autora invita al lector a acompañar a sus personajes en ese ejercicio de introspección, recordándonos que, en ocasiones, aceptar el pasado es el único modo de reconciliarnos con el presente. En esa tensión entre lo que fue, lo que puedo cambiar y lo que pudo haber sido, «La Llamada del Tiempo» se convierte en una novela íntima, reflexiva y profundamente honesta.

Definitivamente, no puede faltar en tu biblioteca. Consíguela aquí.  

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